Bling Bling Digital

Junio 26th, 2008 by fcu_blog

Día tras día en este Campus Party, mi sensación de asombro se matiza, y da paso a un interés por ciertas actividades que van más allá del espectáculo tecnológico.

Aunque también surgen nuevas preocupaciones e inquietudes.

La participación de comunidades (verdaderas organizaciones, con raíces en personas que trabajan por un objetivo claro), y de nuevas formas de expresión en esa esfera pública, llaman poderosamente mi atención, sin que pueda dedicarle mucho tiempo por andar tomando fotos de todo lo imaginable en este circo.

Tengo la sensación de que logro ver el alma debajo de este monstruo: Debajo de tanto cable, tanta carcaza y tanto eye candy, hierve un mar de anzuelos humanos buscando conectarse para cambiar el mundo.

Pero la dicha no puede ser plena. Persiste un gran porcentaje de personas que siguen yendo en contra del slogan del evento, y se relacionan más con su máquina que con su vecino; no importa si están bajando porno, o chateando constantemente.  Sueñan con creaciones digitales de mujeres voluptuosas: extrañas híbridas de Saylor Moon y Samantha Fox, mientras que la mujer que está tres pantallas a su izquierda y los mira de reojo constantemente, es simplemente invisible.

Tampoco puedo dejar de notar que, aunque puede que me lo haya perdido, hasta ahora no he observado nj un solo juego, aparte del simulador de vuelo, en el que no haya que dar bala, matar gente o disparar algo.

Viene a mi mente algo que encontré pegado en varia carpas de la zona de camping: Un escudo de Bogotá, sobre el cual luce orgulloso un fusil de asalto (creo que es un AK-47). Imagino que es una especie de escudo de algún grupo de gamers, pero aún así me parece perturbador.

Vuelve a mí la sensación de un evento que ignora la realidad de su entorno, creando una burbuja de sentido. Un escudo es un resumen visual de las características de aquello que quiere representar.  Una imagen así, sobre el escudo de una ciudad que ha pagado con creces su cuota de muertos en los decenios de violencia que han desangrado este país, no es sólo insultante, molesta e incómoda, sino que evidencia una voluntad expresa de negar nuestra historia reciente, y de perpetuar la violenta realidad que tanto daño nos hace. Doloroso y preocupante.

En el transcurso de la tarde, en medio de tanto aparato dispuesto a solucionarte la vida con un clic, tengo una necesidad absolutamente física: necesito una escalera para tomar fotos desde otra perspectiva.  Me acerco a la gente de Corferias, para que me ayuden a solucionar este predicamento. Nunca imaginé que algo tan simple, fuera tan complicado. 

“Busque al coordinador de pabellón”.”Vaya a la puerta 16”. “Lo están esperando en el acceso sur”.  “No puedo comunicarlo porque están en un reporte”. “¿No se la entregó el muchacho que le dije?”. “En 5 minutos se la entregan”.

Dos horas.

No estoy mintiendo.

Dos horas para prestarme una pinche escalera.

Me tuvieron como un yo-yo de un lado al otro, y perdí la cuenta del número de operarios con los que hablé.  Ahora ellos me ven, se ríen y me saludan, pero créanme que en su momento no fue nada chistoso.

Dos horas para conseguir una escalera que me eleve metro y medio del suelo, en un sitio donde se “suben” a la red cantidades ingentes de información, música y un largo etcétera de cosas.

Considero absolutamente sintomático, que en un recinto ferial de esta magnitud, y en una feria digital de estas características, una solicitud tan banal, pueda llegar a ser un problema.

Recuerdo mis dudas y mis impresiones sobre cómo la realidad digital vibra en otra frecuencia que la vida física, cotidiana.

¿Qué pasa en un espacio en donde es más fácil matar digitalmente a tres batallones con un clic, o tener sexo con una pin up manga, que encontrar un elemento básico que cambió la historia de la humanidad?

Como respuesta, aparece finalmente frente a mí, una escalera que perfectamente pudo haber puesto el primer bombillo en la inauguración de Corferias hace varios lustros. Endeble, remachada y arreglada hasta el cansancio, su apariencia intentó mejorarse pintándola de azul, pero el tiempo se encargó de rayarla y magullarla, volviendo el remedio peor que la enfermedad: Sobre mis hombros cargo ahora una especie de dinosaurio azul y decadente, mientras cruzo por corredores y corredores de tecnología de punta. No puedo sino sonreír y seguir pensando que acá hay algo que no cuadra.

Empieza la charla de las 7pm, y aparece de nuevo el show publicitario disfrazado de conocimiento: Una especie de documental del History Channel sobre el cable submarino, pero con un patrocinador omnipresente.

Demasiado evidente como para convencerme.

Reaparece mi sensación de la inauguración, pero ya es más precisa: Yo pensé que la protagonista de esa noche, fué la banda ancha; pero es obvio que acá hay una reina que eclipsa muchas intenciones: La publicidad.

Más específicamente, una marca…LA marca. 

La gran madre de este evento.

De nuevo las metáforas surgen espontáneas: Una marca es también un señalamiento.

Esa es LA marca de este evento: La sensación constante de que es un gran lanzamiento comercial.

Hago un giro con mi cabeza, y de pronto todo cuadra: No hay un solo espacio o sector de este evento, que no tenga un patrocinio.

Impresionante.

Empieza a sonar a lo lejos una canción, y reconozco el dejo rítmico clásico del reggaetón. Miro a mi alrededor y siento que eso sí cuadra, que esa debería ser la banda sonora oficial de este evento, pues lo que veo en la superficie del campus es consecuente con la estética reggaetonera: Mujeres semidesnudas que son tratadas como trozos de carne,  historias violentas llenas de armas y dinero, accesorios personalizados, aparatos engallados, grandes marcas y mucho Bling Bling.

Bajo la ostentosa superficie publicitaria de este evento, como en la estética del reggaetón, hay comunidades segregadas que luchan por sobrevivir, cadenas imparables de violencia absurda, estereotipos discriminatorios que se ensalzan,  y muchas historias de esfuerzo y dolor.

Bajo el estereotipo, pululan comunidades vivas que desean cambiar su realidad en forma consciente y constante. Comunidades sin patrocinadores que las alienten económicamente a cambio de lucir una estética específica. Personas reales que, en muchos casos, no reconocen la manipulación comercial pues necesitan de ella para acceder a esa vida que sueñan.

Como en el reggaetón.

Como en el Campus.

Cualquier semejanza con la realidad no es coincidencia.

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El Show de las Estrellas

Junio 26th, 2008 by fcu_blog

Es el día de la inauguración. Llego a Corferias, y el ambiente es otro.
Caras felices pese a las filas. Maletas, cajas, sleeping bags. Cansancio en las caras y los hombros de la gente que viene desde Casanare, Cundinamarca, la Zona Cafetera y todo el país…simplemente emocionante.
Sus caras dejan ver una agitación contenida por horas de derrumbes y polvo, por el tránsito en esta realidad física que sobresalta, hace sudar, tocarse y magullarse. Todo para poder llegar un sitio hiper-cableado y con igualdad numérica entre máquinas y humanos (incluso me atrevería a decir que hay más máquinas que humanos, pero no tengo la certeza).

Caras Campus Party
Imagino las retinas llenas de campo, de selva, recibiendo de golpe tanto código, tanto algoritmo, tanta información codificada. Mezclando la información natural con la digital en un solo empaque neuronal: ese nido de la memoria al que llamamos cerebro.
Las mesas que ayer estaban vacías, ahora están llenas de computadores enfriados por líquidos verdes, CPUs integradas a hornos microondas, gente de todas las razas, gustos, clanes, avatares, y estéticas.
Miro a todas partes, y espero que mis dudas y preguntas se disipen esta semana en este mar de humanidades palpitantes. En este emocionante caldo de cultivo digital.

Reac Table: Campus Party
Llega un ensayo con la Reac Table y se me caen las babas de la emoción: Que unos cubitos transparentes y con extraños dibujos logren activar una serie de sonidos, que dos personas combinan para generar música de tal calidad, me impresiona mucho.
Siempre he considerado que la música es el único milagro creado por el hombre, y esa impresión se estira hoy hasta el límite de su relación con el vidrio, el software, y la inventiva humana. Simplemente hermoso.
Los lagrimales siguen conteniéndose cuando escucho y veo el mensaje de Stephen Hawking.  Sus palabras me parecen absolutamente visionarias: Tenemos que seguir hablando.
Sin embargo no puedo dejar de notar una cosa a mi alrededor: Un porcentaje altísimo de campuseros habla, pero con su maquina.
Miran en silencio sus pantallas, mientras sus dedos hablan por su boca. Pienso en los cuerpos posthumanos que se integran con sus gadgets y en cómo detrás de esas máquinas hay gente con la que interactúan; pero tampoco puedo dejar de notar que hay gente chateando, pese a que están a 1 metro de distancia ¿Bueno o malo?  No lo sé…pero se siente extraño…muy extraño.

Campus Party
Sigue la inauguración, siguen mis sorpresas y mi tsunami de preguntas.
Aparece el marasmo del cóctel, con su afluencia masiva de lagartos sonrientes,  lubricando conversaciones banales con vino y canapés.
Fotos van y vienen. Caras de interés falso, delatadas por una mirada que busca un conocido que los salve de un monólogo.  Datos de cóctel, usados como anzuelo para levantar polvo. Sonrisas que se sostienen más de lo normal y un festival de dientes Blancox.  En la mitad de la reunión, un estruendo de vidrios rotos anuncia que el ingeniero/genio de la conectividad del evento ha pasado a través de un vidrio que separaba el Campus principal de la zona anfibia de lagartería. Su impulso y compromiso con un evento, no le dejaron ver a lo que se enfrentaba, como a muchos nos pasa.
Viene otra metáfora a mi mente: Una membrana que intenta separar algo, pero que para muchas personas es invisible.
Afortunadamente este cruce de dimensiones sociales, artificialmente separadas, no deja ninguna consecuencia más allá del susto por el ruido de los vidrios y un mar esquirlas transparentes como cadáver de la membrana.
Su delito fue ser demasiado transparente.
Como en ciertas zonas de la red: Juntos pero no revueltos.
Sonrío al pensar que es precisamente un ingeniero el que no distinga la frontera, e ignore que cierta “autoridad” quiso separar los espacios que para él, y para muchas otras mentes, deberían estar revueltos.
Como en la red.
Como en la vida.
Llega el momento de la rumba en la inauguración y se me eriza la piel al ver en un mismo escenario a 4 afrocolombianos, un inglés, dos españoles, una Reac Table, dos tornamesas, unos timbales, unos bongos, y otros instrumentos de percusión. Todos mezclándose al mismo tiempo en una orgía del ritmo. Fantástico.
Nada es perfecto, y la música es el anzuelo para el protocolo. Demasiadas palabras dichas como apara agregar más acá. Sin embargo sigue retumbando en mi mente algo.
Un eco de algo que veo todos los fines de semana, desde los confines de nuestro país. Un público que grita consignas a solicitud de un animador vestido de blanco impoluto. En este caso, el animador está de negro, es español, y sin su trabajo este evento no sería posible. Sin embargo la idea es la misma: Que el público grite lo que los patrocinadores quieren. Invirtiendo la publicidad. Creando una demanda. En este caso la solicitud son 8 gigas de velocidad para el Campus Party del próximo año. Es lógico que ellos llegarán a ofrecer eso, y seguramente más rápido de lo que nos imaginamos. Seguramente el próximo año navegaremos a 16 gigas.
Una solicitud o exigencia, se da ante una necesidad insatisfecha, pero recuerdo las cifras de velocidad de conexión citadas desde el primer Campus Party en Valencia, y no han hecho sino crecer exponencialmente. ¿Por qué entonces exigimos lo que seguramente llegará?
¡¡¡8 gigas!!! Continúan gritando con pasión los campuseros a solicitud del paladín de su conectividad en este evento.
Y yo me pregunto… ¿para qué 8 gigas?
Miro a mi alrededor y veo gente que tiene frente a ellos el evento, transcurriendo en vivo, y prefieren verlo a través de la retransmisión en la red.
No lo entiendo. En serio. No lo entiendo. Intento no juzgarlo, pero sigo sin entender.
Y sigue repicando la pregunta en mi córtex … ¿para qué 8 gigas?
¿Para poner membranas más resistentes entre los espacios? ¿Para hablar más rápidamente entre nosotros, así estemos hombro a hombro?
¿Necesitamos realmente 8 gigas de conexión? ¿No será que lo que precisa el patrocinador, es que nosotros lo exijamos a gritos, así no lo necesitemos realmente?
¿A quién le conviene que yo tenga que pagar por hablar con mi vecino?
Recuerdo el slogan de este asombroso evento: Internet no es una red de computadores, es una red de personas. Absolutamente cierto.
Entonces… ¿por qué siento que la estrella de anoche fue la banda ancha?

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Bautizo estilo Campus-Party

Junio 26th, 2008 by fcu_blog

Lo primero que siento al cruzar la puerta del recinto ferial donde se llevará a cabo el CAMPUS PARTY,  es el contraste entre una vendedora ambulante y su atestado carrito de bebé adaptado como máquina de guerra económica, y su contraste con una persona que pasa “flotando” y a toda velocidad, en un vehículo monopersonal eléctrico de 2 llantas mientras habla por celular e intenta maniobrar con la otra mano que sostiene un intercomunicador junto al manubrio.
Asumo que ese será el tipo de sensaciones que me esperan en estos días de cubrimiento fotográfico.
Pienso en cómo esa simultaneidad de tiempos y realidades se conjugarán.
Veo a mi alrededor y, faltando un día para la inauguración, todo es emoción trabajo y tensión. Hago una nota mental para intentar capturar eso en imágenes.

Carpas Campus-Party
Un portero con ínfulas policivas, me pregunta si llevo equipos que registrar. Lo veo y no puedo dejar de notar que su única “arma” es un radioteléfono. Ni siquiera bolillo carga. Desnudo mi maleta en búsqueda del bendito serial, para descubrir que, obviamente, ya se borró.  Frente a un filtro apoyado en la información, mas que en la amenaza de la fuerza o el golpe, le dicto el primer número que veo en la base de la cámara. Ni siquiera lo confirma y lo escribe en una libreta con 2 copias en colores neón, mientras su mano juega con el kilométrico amarrado a la portería con un nylon.
A mi lado, un joven con 2 millones de pesos en ropa (pero que parece de segunda mano), saca de su maletín un Mac Air (con 2 dedos) para repetir mi procedimiento.
Vuelve a mi mente un contraste, un choque de tiempos.
Al empezar mi recorrido, me encuentro con una colmena de carpas que no deja de recordarme un escenario de la película Alien, en donde se veía un sembradío de capullos de futuros monstruos, con un problema de agresividad y ácido en las venas. Este pabellón será un enorme panal de fanáticos digitales… ¿Qué tendrán ellos en su venas? ¿Qué problemas habitarán sus mentes?
Veo las mil y tantas carpas vacías, y no puedo dejar de pensar en una gran metáfora de lo que tristemente encontramos pululando en la red: Miles y miles de puntos de contacto, con casi ningún contenido.
¿Con qué se llenarán esas carpas?
¿Con qué se alimentarán esos miles de puntos de red presentes en el Campus?
¿A dónde irán con esas 4 gigas de velocidad?
Como posible pista, aparece en mi recorrido, una especie de templo inflable en el pabellón de Inclusión Digital, en donde me dicen, se llevarán a cabo los “Bautizos Digitales”.
Vuelven los tiempos simultáneos a mi mente.
¿Qué significa el uso de esa simbología religiosa en un entorno digital como éste?
Recuerdo cómo, durante siglos, se segregó a las personas que no habían sido bautizadas.
Pienso, de nuevo, en esa estructura como una metáfora de lo que para muchos, es Internet: Una gran estructura llena de aire, visible por sus límites, e increíblemente frágil frente a una realidad llena de puntas y elementos cortopunzantes.
Veo a unas señoras del aseo que intentan limpiar la tela blanca de esa estructura inflable, devolviéndole su pureza de pila bautismal, y noto como todas ellas cantan canciones populares impulsadas por pequeños cables que salen hacia sus orejas desde sus bolsillos. Me pregunto cuántas de ellas serán bautizadas en esta semana, y si sabrán dónde están, o lo que están limpiando.
Suena mi celular.  Mi madre clama por ayuda. Me llama desde su teléfono fijo, pues no logra comunicarse desde su nuevo celular y ya ha borrado todos sus contactos 3 veces.
Intento ayudarle mientras pienso, de nuevo, en esta llamada como una alegoría de lo que siento y veo a mi alrededor.
Un gran evento masivo digital.
Una feria de la conectividad.
Un Woodstock para geeeks.
Un Loolapalloza de los gamers.
Mientras tanto, imagino a mi madre peleando con su único gadget digital, mientras me escucha a través de su auricular amarillo de pasta, con el disco de marcado contra su oreja, con el clásico nudo de cables colgando hacia la base. Desesperada. Peleando por conectarse. Con su teléfono y con el mundo.
Pienso en toda la infraestructura que me rodea para este evento.
Pienso en  la señora de los dulces, en el portero, en las señoras del aseo.
No puedo dejar de sentirme en una burbuja.
Ojalá esta semana rompa esa sensación.
Ojalá esta gran emoción y conectividad me ayude a responder algunas de mis dudas.
Ojalá mi madre logre bautizar su interfaz.

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