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MUJER CON BATEA, EL ESFUERZO
No existen materiales más fuertes que aquellos que son flexibles, incluyendo la carne que forma pies, piernas, brazos, hombros y mentes.
En el Esfuerzo, como en la mayor parte de los barrios denominados subnormales, el agua hace sentir su cualidad de fuente de vida. Solamente la carne, dúctil gracias al deseo, a la pulsión de existir, hace posible pasar piedras, caminando como si los pies fuesen abrazando cada obstáculo.
Ella dejó de mirarme sin importarle que yo tuviese una cámara, ya que su carga era más valiosa que atender de cualquier manera mi presencia. Concentrada en vivir, procedía de la parte externa de la intrincada congregación de hogares, donde una pila comunitaria era centro de múltiples jornadas como la suya, que empezaban con carga una vez se escuchaban las risas de niños bañándose al aire libre.
Imagino que antes de ser consumido por las llamas, el otrora Esfuerzo llamó a sus habitantes hacia el agua, y que la olla que llevó líquido adecuado para vivir no fue lo suficientemente capaz de embestir el segundo desplazamiento. Siguió la vida, en desarraigo, flexible, adaptable; más fuerte que la madera y que el fuego, transformándose de manera semejante al agua que acaricia a su paso lo que encuentra.