
FOTO 5.
ESCUELA, EL ESFUERZO
Ella no llegaba a la mayoría de edad. Con el único ejemplar impreso, ilustrado en muy pequeño para tanto niño, era la respetada profesora de El Esfuerzo.
Su aula, la habitación más amplia de cuantas se habían levantado en dos años de vida citadina, flanqueaba uno de los ingresos al barrio. Aparecía como bandera, signo de la capacidad de acción colectiva.
Todo barrio subnormal lucha por darle título a la tierra y en el camino construye accesos a agua, luz y transporte. Cuando se funda una escuela los títulos que se buscan son más ambiciosos. Intangibles, como los trozos de lápiz de sus hijos.
En las aulas se reproduce la sociedad. Casa, carro y cama en el tablero pero difícilmente en el hogar si de por medio no existe un pupitre alineado para ver a una adolescente que enseña a nombrar los sueños.
Sólo uno de los niños dejó de atenderla cuando abrí la puerta, formada de trozos de madera por entre los cuales se filtraba la luz del día. En su cuaderno se insistía, con su recientemente existente puño y letra: casa – carro – cama –cama.