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NIÑO VENDEDOR DE ALTOS DE CAZUCA
Cada vez que voy a Altos de Cazuca encuentro nuevos barrios, nuevas casas y nuevas soledades. Las montañas se cubren de telas, techos, madera y ladrillo reciclado de otras viviendas, cubriendo cualquier residuo de vegetación de por sí baja y diminuta en los cerros que paran el frío paramuno que amenaza a Bogotá.
Predominan los niños, sobretodo en las horas en las que quienes pueden salen persiguiendo por las calles de la ciudad la vida. La familia se transforma en núcleo de supervivencia dejando de lado roles de exclusividad, necesitando que todos sean proveedores.
La vida se construye en cuotas, para el terreno, en la bolsa con una cucharada de aceite. Cada cuota responde a la suerte, como bien lo sabe el joven que busca su acaso en el riesgo de otros. En las tablas se mezclan las ilusiones de muchos: Chayane comparte vecindario con Goku, con Aventuras en Pañales y con modeladas mujeres sin nombre. Tire la moneda, su suerte en adelante dependerá de donde caiga.